Las cartas de Francisco Ayala sobre

Camilo José Cela

Camilo José Cela. Iria Flavia, La Coruña, 1916-Madrid, 2002.

"Dar a conocer los españoles a los españoles", según le dice Cela a Francisco Ayala en su primera carta de respuesta, era la pretensión de Papeles de Son Armadans (1956-1979).


Ayala, que estaba iniciando su paulatino regreso a España en los primeros años sesenta, publicó en esa revista, entre otras colaboraciones, algunos de los primeros textos que conformarían El jardín de las delicias. Para otra iniciativa editorial de Cela, la colección La Novela Popular, escribió El rapto. Ambos escritores se conocieron personalmente en Madrid en 1963 y se encontraron al año siguiente en Nueva York, con motivo de la concesión a Cela del doctorado honoris causa por la Syracuse University.

cartas 1 al 5 de 23
FECHA
30/09/1961
REMITENTE
Francisco Ayala
DESTINATARIOS/AS
Max Aub
DESTINO
S.l.
ORIGEN
S.l.
FICHA DESCRIPTIVA

[Carta mecanografiada con firma autógrafa y con membrete:] BRYN MAWR COLLEGE / BRYN MAWR, PENNSYLVANIA / DEPARTMENT OF SPANISH

DEPÓSITO DEL ORIGINAL
Fundación Max Aub

Carta de Francisco Ayala a Max Aub (30/09/1961)

30 de sept. 1961

Querido Max:

Tengo una cosa que se llama “Baile de mascaras” y que se publicará –creo que pronto, porque así me lo dice Cela— en Papeles de Son Armadans. Eso creo que iría muy bien para los fines de la radio. Veo que no me queda más que una copia, y esa mala. Si así lo prefieres, te haré otra, y te la remitiré, pero quizás lo mejor sea esperar a que se publique en esa revista. Son diálogos sueltos, dramatizaciones minúsculas, entrelazadas, sin acotación ninguna. Tendrías que hacerlo hacer en una cinta magnetofónica, con varias voces y música de fondo adecuada a cada escena.

También podrías usar, de Historias de macacos (quiero decir, de ese tomito), el cuento títulado “La barba del capitan”, que está escrito en forma de monólogo, para una voz femenina.

Dime si prefieres que te envie una copia de lo otro. Creo que puede resultar divertido. También podría yo preparar aquí la cinta grabada, pero no sé si eso sería más engorroso, y y [sic] si ustedes pagarían los gastos, o qué.

De lo de Texas, no sé nada hasta ahora, y tú, hijo, eres de un laconismo que ya, ya.

Sabes que Salazar Chapela anda por España? Creo que te lo dije.

Me alegro de saber que Peua va mejorando. Dale nuestros más cariñosos recuerdos.

Y recibe un abrazo de

Ayala.-


FECHA
07/10/1961
REMITENTE
Francisco Ayala
DESTINATARIOS/AS
Max Aub
DESTINO
S.l.
ORIGEN
S.l.
FICHA DESCRIPTIVA

[Carta mecanografiada con firma autógrafa]

DEPÓSITO DEL ORIGINAL
Fundación Max Aub

Carta de Francisco Ayala a Max Aub (07/10/1961)

7 de octubre de 1961

Querido Max:

Ahí tienes el original; es mi única copia. Parece que va a salir enseguida en los Papeles de Son Armadans. A Cela debe de haberle gustado muchísimo, pues lo da inmediatamente, según me dice. Como verás, se presta bien a los fines de la radio, pues las diferentes voces, y aun si se quiere acentos, individualizan a los que hablan y crean la atmósfera de multitud. A ver cómo queda.

Lo de Texas, creo que no podrá ser en cuanto a mí se refiere, pues me han invitado de Alemania para noviembre, y creo que voy a aprovechar la oportunidad para darme un salto de 15 o 20 dias. Podemos hacer que Benitez nos convoque para lo otro en Puerto Rico cuando nos convenga.

Yo también tuve una postal de Salzar [sic] desde España, anunciando larga carta que no ha escrito. Y ya me inquieta algo su falta de noticias, dada su salud precaria. No sé cuando pensaba regresar a Inglaterra, pero como no depende sino de sí mismo…

No conozco a Herbert Weinstock, pero me alegro de saber que se arregló lo de Doubleday. En cambio la sinverguenza de la Barea… aun no ha enviado su trabajo. Es para matarla.

Te abraza

Ayala.-

Salmerón me contestó afirmativamente.


FECHA
12/10/1961
REMITENTE
Max Aub
DESTINATARIOS/AS
Francisco Ayala
DESTINO
S.l.
ORIGEN
S.l.
FICHA DESCRIPTIVA

[Carta mecanografiada]

DEPÓSITO DEL ORIGINAL
Fundación Max Aub. ©Max Aub y Herederos de Max Aub

Carta de Max Aub a Francisco Ayala (12/10/1961)

12 de octubre de 1961

Querido Paco:

¿En qué país crees que vivo? Si doy tu "Baile de máscaras" en Radio Universidad lo menos que harían es quitarle el permiso de emitir un solo día más. A mi grupo de poesía coral acaban de suspenderlo por haber leído, en un teatro, unos trozos de La Constanza de Cristóbal de Castillejo. No tienes la menor idea de los moralisísimos que estamos. Tampoco dejaron reponer La Celestina. Estamos submergidos [sic] por la beatería.

No me extraña nada que el cuento le gustara tanto a Cela: es buenísimo. De verdad, magnífico. Como aquí llegan poquísimos Papeles ¿tienes inconveniente en que lo publique la Revista de la Universidad, Novedades o cualquier otra revista? Aquí es lo normal y corriente.

Conforme con lo de Puerto Rico. Arreglalo.

Efectivamente, firmé con Doubleday en excelentes condiciones. A la Barea, mátala y si no pasas por Londres dale el encargo a Salazar, que ya está allí, feliz con la aparición inglesa de su Desnudo.

Ceno esta noche con Gaos, que acaba de volver de Jalapa y al que le había encargado hablar con Salmerón. ¿Qué vas a enviarle?

Un gran abrazo.


FECHA
06/12/1961
REMITENTE
Francisco Ayala
DESTINATARIOS/AS
Ricardo Gullón
DESTINO
S.l.
ORIGEN
S.l.
FICHA DESCRIPTIVA

[Carta mecanografiada con firma autógrafa y con membrete:] BRYN MAWR COLLEGE / BRYN MAWR, PENNSYLVANIA / DEPARTMENT OF SPANISH

DEPÓSITO DEL ORIGINAL
Harry Ransom Center. The University of Texas at Austin

Carta de Francisco Ayala a Ricardo Gullón (06/12/1961)

6 de diciembre de 1961

Querido Ricardo:

Aquí tengo tu carta para contestarla, y lo hago hoy por fin, a pesar del enorme trabajo acumulado por razón de mi ausencia, y a pesar de que los bacilos de la grippe, que han invadido mi organismo desde hace días, me disuaden de toda actividad que no sea la pura contemplación.

El viaje fue bueno. Tuve suerte con el tiempo (weather) particularmente durante los dias finales, que pasé en París a pretexto de dar una conferencia. Tampoco estuvo mal en Alemania, y la reunión o coloquio resultó bastante bien, aunque se echó de menos la presencia de Julián Marías, omisión lamentable y dificil de explicar, siendo los invitantes alemanes, que están en todo. Menos mal que tú has desagraviado al filósofo con la cariñosa alusión que le dedicas en tu artículo de Papeles, trabajo que, aun sin ese rasgo, sería admirable de todos modos, y que he leido con extraordinario placer. Haces ahí muchas puntualizaciones justas, y desde luego estoy de acuerdo con su tesis general.

Lamento que, en el mismo número, te hayas precipitado a leer mi “Baile de Máscaras”, pues está mutiladísimo por la censura; y como Cela me ha prometido hacer las correspondientes separatas con el texto íntegro, que te remitiré oportunamente, podrás percibir entonces cual es el hilo sutilísimo que une esas diversas perlas o pildoras rabelaisianas que, de todos modos, parecen haberte divertido.

Espero que desistas de tu resolución de no ir a Nueva York estas Navidades, y que, de todos modos, si no vienes ahóra, vendrás pronto. No sé cómo te arreglas para que te lluevan las invitaciones a dictar conferencias. Organízate un circuito ad hoc, y ven para acá, pues es muy confortante el verse con los amigos verdaderos, y además, no sería imposible que estuviera en algún sitio u otro Julián Marías, con lo cual tendrías nueva oportunidad de ilustrarte.

Me conforta la noticia de que vas a tener en tus manos las pruebas del número unamunesco de doña Torre, como garantía contra el desatino. Aprovecho para rogarte muy encarecidamente que tan pronto como recibas el paquete, desgloses un artículo debido a la pluma primorosa de Francisco Ayala, y se lo remitas al autor, quien te lo devolverá por el correo siguiente, corregido –y (te lo prometo) no aumentado–, de modo que tú ahorres trabajo, y yo me dé el gustazo de leerme una vez más, que es de los pocos placeres que aún le van quedando a uno en la edad provecta.

Y concluyo (no he recibido aún La Torre con tu reseña, que espero con impaciencia), rogándote que no seas avaro de tus cartas, y que, dándote por felicitado con ésta en razón de las próximas navidades, utilices el [sic] oportunidad de devolverme dicha felicitación para desplegar tus habilidades epistolares prolijamente.

Un fuerte abrazo de

Ayala.-


FECHA
06/02/1963
REMITENTE
Francisco Ayala
DESTINATARIOS/AS
José R. Marra-López
DESTINO
S.l.
ORIGEN
Nueva York
FICHA DESCRIPTIVA

[Publicada en: Obras completas II: Autobiografía(s). Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2010. Prólogo de: Luis García Montero. Edición de: Carolyn Richmond.

DEPÓSITO DEL ORIGINAL
Desconocido

Carta de Francisco Ayala a José R. Marra-López (06/02/1963)

Nueva York, 6 de febrero 1963

Mi querido amigo:

Contesto enseguida a su carta, como me pide, para que pueda tener en cuenta mis observaciones cuando haya de corregir el texto para la nueva edición. Estas observaciones son, como verá enseguida, de menor alcance. Lo que en verdad importa –y me apresuro a felicitarle de la manera más cordial– es el éxito del libro, éxito que usted merece ampliamente por su trabajo, su inteligencia y su valentía, pero que hubiera podido no tenerlo si las circunstancias «objetivas» no fueran tan oportunas. Éstas confieren a la aparición del libro el carácter –y no exagero– de acontecimiento nacional. Lo que me cuenta confirma lo que yo preví apenas pude ver el libro publicado. Nada podrá echarlo para atrás ya. Vendrán quizás las críticas de aquellos a quienes no se puede responder; pero: mejor, que vengan. A estas alturas reacciones tales sólo pueden reforzar el éxito del libro. Otras críticas serán, sin duda, las reticentes inspiradas por la mala conciencia de quienes, habiendo podido hablar, estuvieron callados durante tiempo y, tiempo como putas, y ahora se ven puestos en evidencia por el libro de usted, que viene a destaparles la caca. ¿Para qué nombrarlos? Son gente que se ha pasado veintitantos años despotricando contra la censura en la tertulia del café, y que ahora, en su fuero interno, es decir, desde el fondo de su caca, seguirán maldiciéndola por haber mostrado lenidad en esta ocasión.

Aquí, hasta ahora –pues el libro no ha llegado aún a las librerías– la única reacción que conozco es la de Casalduero, a quien presté mi ejemplar, y que coincide en un todo con mis apreciaciones. Hay expectativa, sí; no ha faltado quien reciba carta de España hablándole del libro. Estoy seguro de que en América se venderá muy bien.

Paso ahora a formularle mis observaciones. La primera y más importante sería que usted exagera el parti pris contra la literatura «gratuita» de la preguerra, con una actitud beligerante que quizá no corresponde ya al momento actual. Ha pasado tiempo suficiente como para que aquella fase se contemple con distancia más bien que con hostilidad. Se trata de un pretérito cerrado, que tuvo sus razones, como las tiene el presente; y cuando éste a su vez sea pretérito y se establezcan las comparaciones entre los resultados concretos, entre las obras, que es lo que cuenta, creo que crecerá la magnitud de ese momento que usted condena. Ahora mismo empieza a revalorizarse críticamente la figura de Jarnés (varios estudiosos se ocupan de su obra), y desde luego la de Gómez de la Serna, que ha muerto en eclipse (et pour cause...), resurgirá como una de las más significativas en la literatura, no española, sino mundial. Calculo que la molestia de Marías y de Torre viene de eso, ¿no? Yo –usted bien lo sabe– coincido con la posición de usted, quizás porque, confluyendo mis dotes personales con las exigencias de la nueva época, he seguido viviendo literariamente y no estoy solidarizado en términos vitales con mi pasado; pero su actitud al respecto me parece excesiva (y compárela con la de E. de Nora, que en el fondo piensa igual, pero que no se cree en el caso de echar a la basura las obras que le parecen mejor logradas dentro de aquella estética).

Otra cosa: usted se muestra demasiado preocupado, y es natural, con las consecuencias literarias del exilio, y descuida el estudiar las obras de los exiliados en lo que no se relaciona directamente con España o con su situación. No sé si esto será objetable; quizá no lo sea: se trata de un punto de vista. Desde el mío, hubiera preferido que usted considerase la circunstancia de ser españoles y exiliados como una, importantísima, pero no la única que cuenta en la intencionalidad de la obra.

Voy a sugerirle que haga varias rectificaciones de hecho, algunas indispensables, pues, por ejemplo, en la nota de la pág. 220 me atribuye libros que no son míos. Esas rectificaciones van en hoja aparte, para mayor comodidad de ambos.

Y –no con carácter de rectificaciones, sino como aclaración mínima– quiero referirme a lo que apunta usted en relación con el lenguaje. Es para mí el punto de máximo interés, pues como escritor creo que la creación literaria radica precisamente en el lenguaje, y que el contenido significativo depende por completo de las palabras. Las que a usted le han extrañado pertenecen todas a diversos niveles de intención, como quiero mostrarle tomando algunos casos, Por ejemplo: entrar a es tan correcto gramaticalmente como entrar en; y a mí me interesaba subrayar el movimiento desde fuera hacia dentro, antes que el término de ese movimiento, para definir el estado de ánimo del sujeto. Son pequeños matices destinados a vivificar o sensibilizar la expresión. En verdad, las expresiones que le han llamado la atención, más que «filtradas», responden a una intención muy consciente de orden selectivo. Otro ejemplo: arruinar el estómago se dice en algunas partes, pero yo no lo empleo, claro está, para dar color local, sino para transmitir, mediante una sutil indicación, el clima moral y la visión íntima que el personaje tiene de su propia vida. Con esto, el verbo se hace significativo, mucho más que lo hubiera sido el usual «estropear». Otro caso más: el verbo «atacar» por atar (primera acepción del diccionario de la Academia) no lo he oído nunca en América, pero sí en España, sobre todo en el campo. El uso de las palabras da muchas sorpresas, y puedo asegurarle que son muy pocas las que en realidad deben valer como sudamericanismos o americanismos. El problema que yo me he planteado en relación con los ambientes idiomáticos es el de producir un lenguaje, no típico, sino que dé la impresión de serlo, sin resultar por ello ininteligible, y creo que lo he conseguido. En la Revista de la Universidad de México escribe un crítico con referencia a El fondo del vaso que yo he elegido «un idioma peculiar con vetas de todos los dialectos nacionales del castellano que se hablan en Hispanoamérica»; y ésa es la impresión que él recibe, pero no hay tal; son las inflexiones, destinadas a caracterizar al personaje que habla o al medio social que se describe. (Así, la palabra «evento» está muy intencionadamente destinada a fijar una nota de cursilería chabacana, etc.) En la única narración donde establezco localización concreta y típica es en «El encuentro», situado en el Buenos Aires del peronismo y con un personaje peronista; y ahí tuve que hacer frente a la cuestión de producir un lenguaje que perteneciera al lugar y a la clase social y al personaje que habla, y que sin embargo pudiera entenderlo el lector de La Habana, de México o de Madrid. Me parece que transmito hasta el acento, y sin embargo no necesita vocabulario alguno. Me sirvió de lección el acierto y desacierto de Valle-Inclán, creando –él sí– un idioma peculiar con vetas de dialectos, y desde luego sorteé esas dificultades, para no hablar de los disparates en que incurriría Cela con su Catira.

Sobre esto, ya es bastante y demasiado. Pero es punto que me interesa excepcionalmente, y por eso me he extendido.

Termino aquí esta carta, ya muy larga, y quedo a la espera de sus noticias. No hay que decir que estaré encantado de serle útil en lo que pueda, con las informaciones a mi alcance.

Cordialmente suyo.