Ayala en tiempos difíciles

27.05.2020
Durante los dos últimos meses, la Fundación Francisco Ayala ha venido ofreciendo una serie de textos del autor –citas y pasajes breves extraídos de su obra narrativa y ensayística– con el propósito de que movieran a la reflexión y aportaran alivio en estos tiempos difíciles. La Fundación desea agradecer a los lectores la buena acogida dispensada a esta serie que se cierra hoy, y el diálogo que a través de ella han establecido con la obra y el pensamiento de Francisco Ayala. Los textos quedarán disponibles en esta página web.

Lecturas para bien vivir, y XX

El pequeño Friaul pensaba lo siguiente: "Puede durar el tiempo de lluvia un mes entero, y quizá tres meses completos, y más aún: hasta la primavera. Todo esto es muy posible... Pero después viene la primavera".

Francisco Ayala, «Erika ante el invierno» (1930)

 

 

ENTREGAS ANTERIORES

Lecturas para bien vivir, XIX

La verdad es que vivimos en tiempos de una gran confusión, de una confusión peligrosísima, y sería muy de desear que los medios de comunicación social, cuyo poder es incontrastable, en lugar de aumentarla, sirvieran para esclarecer en alguna medida al público los problemas que nos agobian.

Francisco Ayala, «Discriminaciones» (1983)

 

Lecturas para bien vivir, XVIII

Ciertamente, la vocación y el deber del intelectual es atenerse a la verdad proclamando lo que considera tal, sin que razones prácticas lo inhiban, mientras que el político debe en cambio atenerse a la necesidad práctica y cumplir su misión con la vista puesta en las consecuencias de sus actos. Son dos actitudes fundamentales distintas, que requieren las correspondientes adaptaciones éticas.

Francisco Ayala, «Contra el poder» (1991)

 

Lecturas para bien vivir, XVII

Sabemos con entera certidumbre –es la cruel enseñanza de una época de experiencias radicales– que todo esfuerzo por escapar a los supuestos de la circunstancia concreta en que discurre nuestra concreta vida resultaría vano, y, como toda vanidad, funesto para quien lo intentase; sabemos, pues, que la situación desde la cual pensamos condiciona nuestro pensamiento; pero sabemos igualmente que, al tiempo de imponerle muy rigurosas limitaciones, le abre también perspectivas especiales… Aceptemos las consecuencias de esa enseñanza; afirmemos los pies con ahínco en la tierra que pisamos, busquemos con orgullosa y amarga decisión nuestra autenticidad, tratemos de levantarnos desde ella hasta la altura máxima a que nuestra angustia alcance a proyectarnos, y renunciemos al resto.

Francisco Ayala, Razón del mundo. Un examen de conciencia intelectual (1944)

 

Lecturas para bien vivir, XVI

Pues bien, dada una velocidad histórica tan acelerada, con mutaciones tan alucinantes de la realidad práctica que nos rodea, ¿cómo será posible mantener, sin embargo, una actitud inalterable en cuanto a los principios de organización de la convivencia social y una visión coherente capaz de dar cuenta de dicha realidad práctica que tan desconcertante se nos presenta en apariencia?

Francisco Ayala, «Mi yo catedrático» (1981)

 

Lecturas para bien vivir, XV

... nuestra misión actual consiste en rendir testimonio del presente, procurar orientarnos en su caos, señalar sus tendencias profundas y tratar de restablecer dentro de ellas el sentido de la existencia humana, una restaurada dignidad del hombre: nada menos que eso. Y eso, en medio de un alboroto en que apenas si nuestro pensamiento consigue manifestarse, ni hacerse oír nuestra voz.

Francisco Ayala, «Para quién escribimos nosotros» (1949)

 

Lecturas para bien vivir, XIV

Nadie está libre de poner los pies en un lodazal; pero hay quien, una vez caído, se encenaga hasta por soberbia (la soberbia satánica), y hay quien, sintiéndose limpio por dentro, procura no enfangarse sino lo indispensable, y jamás pierde la esperanza de nueva pureza, de redención.

Francisco Ayala, «El escritor Cervantes, abyecto y ejemplar» (1950)

 

Lecturas para bien vivir, XIII

Transcurrido el tiempo, acontecimientos tales serán sin duda admiración de las generaciones nuevas; y el que los ha vivido pasará a sus ojos, sin otro motivo, por un héroe. En cuanto a mí, desde luego renuncio a semejante gloria, y me aplico a preparar este relato con el desengaño de la pura verdad.

Francisco Ayala, Muertes de perro (1958)

 

Lecturas para bien vivir, XII

La propia libertad de prensa se ha convertido, bajo tales condiciones, en libertad para desorientar y extraviar a la opinión pública, según reclame el interés privado. El periódico es hoy una gran empresa industrial, vinculada a los grupos rectores de la economía. Sus opiniones no expresan el criterio objetivo de quienes lo redactan; pero, en todo caso, ¿qué podrían los juicios vertidos en un artículo periodístico frente a la disposición de titulares y noticias, al sistema de silenciamientos y subrayados, a la información gráfica y a la tendencia de las agencias informativas de que el propio periódico se sirve?

La opinión pública, en resumen, se forma hoy por métodos que solo tangencialmente se relacionan con las garantías constitucionales de la libertad. Esos métodos están monopolizados por fuertes grupos económicos; frente a ellos, las libertades clásicas mantienen solo una apariencia, cuando no sirven –como en el caso de la prensa– para reforzar jurídicamente el privilegio.

Francisco Ayala, Los derechos individuales como garantía de la libertad (1935)

 

Lecturas para bien vivir, XI

No será mucho que pidamos algún fruto a una época tan pródiga en desazones. La mínima compensación que nos debe es enseñarnos a escrutar de cara los hechos: su crudeza misma promete a quien lo haga una imagen verídica de su radical naturaleza, y, con ello, un criterio sobre sus forzosidades y sobre sus posibilidades, una apreciación de lo que nuestro tiempo impone como tareas ineludibles, y del margen que, a partir de ellas, deja a la libertad creadora del hombre.

Francisco Ayala, Prólogo a Los políticos (1944)

 

Lecturas para bien vivir, X

Ahí hacía su vida, si vida podía llamarse a semejante confinamiento en el que, para estar ocupado en algo y no volverse loco, se entretenía en tejer toquillas de lana, que su madre vendía luego, o se aplicaba a tareas increíbles, tales como la de redactar, con una letrita minúscula de cegato, un galimatías exclusivamente compuesto por nombres y adjetivos inusuales, expurgados con paciencia benedictina del diccionario cuyos volúmenes adornaban el estantito junto al rincón.

Francisco Ayala, «La vida por la opinión» (1955)

 

Lecturas para bien vivir, IX

Ahora bien: la libertad no puede ser organizada sin ponerle con ello, al mismo tiempo, fronteras. Por eso, las garantías constitucionales de la libertad, como organización jurídica que son, comportan una reducción de la libertad misma. Se define qué es lo que el Estado no podrá hacer, se le dictan concretas prohibiciones a los titulares del poder público; pero el límite de las facultades de este es también el límite de los derechos del particular. Estos no pueden ser protegidos sin ser enunciados y enumerados; pero su enumeración es limitativa.

Francisco Ayala, Ensayo sobre la libertad (1944)

 

Lecturas para bien vivir, VIII

–No se caliente usted la cabeza. Cuando empieza usted a filosofar se pone terrible. Reconozca que la vida es grata algunas veces; reconózcalo. La vida es lucha, es combate, y mientras se lucha hay la esperanza de vencer. Si se sucumbe, ¡nada! Y si se logra alcanzar el objetivo deseado... buscar otro más alto y recomenzar la lucha.

Francisco Ayala, Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925)

 

Lecturas para bien vivir, VII

... el curso de la historia ha acelerado su velocidad de modo tal que, sobrepasando con mucho el ritmo natural de las generaciones sucesivas, [...] empuja y atropella toda razonable previsión, defrauda las expectativas, hace fútiles los cálculos establecidos y enfrenta a la gente con problemas para los que no estaba preparada; en suma, nos asoma a épocas de fisonomía enteramente distinta.

Francisco Ayala, Prefacio a Hoy ya es ayer (1972)

 

Lecturas para bien vivir, VI

Cuando, como en nuestro caso, se produce una súbita y descomunal mutación histórica, uno puede captar su propio pasado personal como algo desprendido y ajeno, y pronunciarse acerca de la suerte, no ya de las generaciones inmediatamente anteriores, sino también de su propia generación, con notable objetividad y hasta –por eso mismo– con un cierto aire de impudicia. A la altura de hoy, ¡qué lejano se ve el ayer!

Francisco Ayala, Proemio a La cabeza del cordero (1949)

 

Lecturas para bien vivir, V

En el terreno de la práctica, la libertad es un bien que se consigue y se mantiene trabajosamente. [...] Se trata, por supuesto, de un problema político; pues la política no es sino la técnica para una distribución sensata de la libertad disponible, dentro de un orden social razonablemente justo. [...] nuestra principal preocupación era la de cómo conciliar –más aún: extender, de acuerdo con la exigencia de la época– la libertad del individuo humano, que es esencial e irrenunciable, con el alto grado de organización y de control sociales requerido también inexcusablemente por el nuevo desarrollo de la tecnología.

Francisco Ayala, Prólogo a El problema del liberalismo (1963)

 

Lecturas para bien vivir, IV

Ahora se abre un espacio histórico nuevo. No sabemos bien hacia dónde vamos, pero, en este momento de encrucijada, el Quijote puede alumbrar todavía nuevas sendas, y sobre todo enseñarnos a reconsiderar la realidad problemáticamente.

Francisco Ayala, «Todo ya en el Quijote» (1991)

 

Lecturas para bien vivir, III

Ensimismados, taciturnos, atravesaron la ciudad solitaria. Sus pasos resonaban en las callejuelas ante las cerradas ventanas; por las esquinas huían los perros; solo agua y cielo y los pajarillos del aire parecían inocentes en Granada. Andaban ellos sin cambiar palabra; avanzaban y, conforme avanzaban, crecía la opresión de sus corazones.

Francisco Ayala, «San Juan de Dios» (1949)

 

Lecturas para bien vivir, II

Pues si en otras horas críticas de la historia no ha faltado la perspectiva de una solución práctica –no importa si deseada o temida; deseada para unos, temida para otros– en que se desenlazara el nudo, y hasta han podido combatirse entre sí varias soluciones, lo que mejor da la medida pavorosa del actual momento es eso: que seriamente, fuera del puro y gratuito desvarío individual, nadie puede acertar a figurarse cómo va a ser el mañana, porque tampoco existe una voluntad integrada que ofrezca un programa de organización de la sociedad; porque la situación no es ya dominable, ni en la medida más modesta, por una voluntad humana racionalizada.

Francisco Ayala, Prólogo a El problema del liberalismo (1941)

 

Lecturas para bien vivir, I

Ahora hay que vivir un mundo de penumbra, de oquedades, de interiores. Las mamparas se cierran por sí mismas; las orquestas no logran encender el ánimo. Ni el parque vive ahora, cloroformizado bajo las sábanas intactas, bajo la luz cruel de los arcos voltaicos y los gestos espectrales de las estatuas... Sin embargo, una mañana habrá venido la primavera, a remolque de canoas y veleros. Parece increíble, pero es cierto. Ello habrá de ocurrir una mañana cualquiera.

Francisco Ayala, «Erika ante el invierno» (1930)

Actividad subvencionada por
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte