«… la turbulenta y apenas cristianizada ciudad…»

El pasado sábado, día 21, un grupo de lectores disfrutamos de un paseo literario por la Granada del siglo XVI, inspirado en el relato de Francisco Ayala «San Juan de Dios», del libro Los usurpadores (1949).

El relato había sido comentado unos días atrás en la Fundación, en la segunda sesión de las Lecturas de Francisco Ayala.

Francisco Ayala fue siempre muy consciente de su arte literario. Para entender bien el relato habría que comenzar por preguntarse por qué eligió la figura del santo como protagonista: el mismo Ayala, que tanto dejó escrito sobre su propia obra, había explicado en «Regreso a Granada» (1977) que

«cuando quise contraponer en mi novelita el ejemplo de una caridad acendrada y gloriosa a la furiosa violencia fratricida que habíamos presenciado y padecido con la guerra civil de nuestro tiempo, ¿a qué patrono acudir, a qué santo invocar sino a este maravilloso Juan de Dios de mi natal Granada?»

El autor, pues, emplea a san Juan de Dios como ejemplo de caridad para su propósito narrativo. Pero durante la tertulia se trató de ir un poco más allá: ¿cuál es el tema central del relato?

Algunos opinaron que el texto se puede leer como una evocación de ciertos recuerdos de la infancia, probablemente la del autor; para otros, también está muy presente el castigo, asunto capital en la cultura judeocristiana; en lo que hubo mayor consenso es en que el relato gira en torno al perdón.

En cualquier caso, es innegable que la figura de san Juan de Dios sigue ejerciendo tanta atracción hoy como en el tiempo de la infancia del autor. En la casa de los Pisa, última parada del paseo, resonaba el arranque del texto de Ayala: «De rodillas junto al catre, en el rostro las ansias de la muerte…».

3 comentarios

  • Buenas tardes, qué decir de la ruta. Pues me pareció muy interesante y sobre todo, me encantó ese rinconcillo que descubrimos y que gracias al mismo, no sólo pudimos ver un paisaje maravilloso del Albaicín sino que también disfrutamos de un pasaje del relato a la vez que lo comtemplabamos. Gracias a Susana y Mlagros por su esfuerzo.

    • Gracias a ti, Beatriz, y al resto de participantes en el paseo literario. La verdad es que se trata de una actividad muy agradable; pronto habrá nuevas convocatorias.

  • Nada tiene que ver con lo anterior, pero quiero indicar aquí una diminuta curiosidad. A los granadinos de todas las épocas parece haberles gustado la cerveza, y más en concreto, la alemana Franziskaner. Ángel Ganivet: “Entremos en una de las «stubes» de la Cervecería de los Franciscanos -una galería larga y achatada, con cristalería de colores-, y mientras pasan retemblando sobre nuestras cabezas un sinfín de trenes, tomemos un jarro de cerveza según las reglas del arte alemán, con la calma que inspira una decoración de viejo carácter. Nos invaden sentimientos conciliadores.” (Granada la bella, 1896). Francisco Ayala: “Como experimentado conocedor y diablo viejo, entre todos los lugares posibles nos recomendó para esa noche la Franziskaner Keller, local bien espacioso como es sabido, sin necias pretensiones de champán, antes fiel a su popular cerveza.” (“San Silvestre”, El jardín de las delicias, 1990).

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