La música de un año

Una de las actividades más celebradas de entre todas las propuestas por la Fundación en este año que termina ha sido «Las músicas de Ayala».

Al hilo de las referencias musicales que tan abundantes son en la obra del autor —especialmente en sus memorias—, José Antonio Oliver, profesor de Historia de la Música del Conservatorio Ángel Barrios, programó tres audiciones comentadas durante las cuales pudimos dar un paseo por el siglo XX mientras escuchábamos una buena parte de su paisaje sonoro: la música que sonaba en las casas burguesas a comienzos de siglo, el cuplé, la canción española; Berlín, Buenos Aires, Río de Janeiro, Nueva York, Chicago; Gardel, Sinatra, Bernstein y Falla, pero también Paquito Rodríguez…

En la primera sesión se dibujó el paisaje musical de la España de comienzos del siglo XX; y se hizo una excursión por el Berlín de los años 30, estación fundamental en la formación de Ayala.

 

En la segunda sesión se recorrieron diferentes paisajes sonoros de Europa central, Cuba, Argentina, Brasil y Puerto Rico, a través de las peripecias de Francisco Ayala durante la guerra y la primera etapa de su largo exilio.

 

En la tercera sesión nos asomamos al paisaje musical de los años estadounidenses del exilio del autor, y, finalmente, a sus primeras visitas a España en los años sesenta hasta su definitivo regreso, en 1976.

[Hubo una sesión preliminar de «Las músicas de Ayala» en mayo, de la que ya se habló aquí.]

Un comentario

  • Agradecidísmo tanto a José Antonio Oliver por la elaboración de esta tan acertada y amena antología musical, como a Manolo Gómez Ros por la minuciosa labor de ponerla a la disposición de todos los curiosos, quiero contribuir modestamente colgando aquí la letra del apocalíptico conductus “Audi pontus, audi tellus” del Códice de las Huelgas, proponiendo una traducción castellana que no sea demasiado infiel:

    Audi pontus, audi tellus,
    audi maris magni limbus,
    audi homo, audi omne
    quod vivit sub sole:
    prope est, veniet.
    Ecce iam dies est,
    dies illa,
    dies invisa,
    dies amara
    qua coelum fugiet,
    sol erubescet,
    luna fugabitur,
    sidera super terram cadent.
    Heu miser!,
    heu miser!,
    heu! cur, homo, ineptam
    sequeris laetitiam?

    Escucha, mar, escucha, tierra,
    escucha piélago de la mar océana;
    escucha, hombre, escucha todo
    lo que vive bajo el sol:
    próximo está, llegará.
    Ya está aquí
    aquel día,
    día nunca visto,
    día amargo
    en que el cielo huirá,
    enrojecerá el sol,
    se escabullirá la luna
    y lloverán los astros sobre la tierra.
    ¡Ay, mísero!,
    ¡ay, mísero!
    ¡Ay!, ¿por qué, hombre, vana
    alegría buscas?

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