Granizo en Alcázar Genil

En la anterior sesión del ciclo sobre literatura y traducción Qualis avis, talis cantus, el pasado 21 de marzo, asistimos, ¡oh, maravilla!, a una granizada de palabras: en la voz de su traductor, Gabriel Hormaechea, y contagiados por su entusiasmo, acompañamos a Pantagruel y su cuadrilla hasta «los confines del mar glacial, en donde, a comienzos del pasado invierno, tuvo lugar una gran y feroz batalla entre los arimaspianos y los nefelibatos» durante la cual «se helaron en el aire las palabras y los gritos de hombres y mujeres, el chasquido de las mazas, el estrépito de las corazas y los arneses, los relinchos de los caballos y todo el fragor del combate»; aunque «ahora, pasado el rigor del invierno, con la llegada de la calma y la templanza del buen tiempo, se funden», aún quedaban «unos puñados de palabras heladas» que cayeron sobre nosotros como caen, en el relato, sobre Pantagruel, Panurgo y compañía: «palabras sinoples, palabras azur, palabras sables, palabras doradas, palabras gordas, palabras flacas, palabras largas, palabras cortas, palabritas y palabrotas, las cuales, al ser calentadas por nuestras manos, se fundían como copos de nieve y las oíamos realmente».

No se pierda quien aún no lo conozca el desenlace de aquel deshielo y qué oyen los personajes al fundirse las palabras; hallará, como ellos, «abundante pasatiempo».

( Gargantúa y Pantagruel. Libro cuarto, capítulo LVI: ‘De cómo Pantagruel encontró palabrotas entre las palabras heladas’ ).

 

Esta tarde esperamos más prodigios verbales de parte de Gertrude Stein y de su traductor, Daniel Najmías, en una nueva sesión del ciclo organizado por la Fundación y por ACE Traductores, que cumple 30 años.

 

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